Ingredientes:
- Harina de espelta integral (mejor si es ecológica)
- Agua templada (filtrada o sin cloro, si es posible)
Utensilios:
- Tarro de cristal grande
- Cuchara de madera o silicona
- Paño o tapa sin cerrar herméticamente
Día 1
- Mezcla 50 g de harina de espelta integral con 50 ml de agua en el tarro.
- Remueve bien hasta obtener una pasta homogénea.
- Tapa con un paño y deja reposar a temperatura ambiente (20–25 °C).
Día 2
- Puede que veas alguna burbuja o un leve aroma ácido. Es normal.
- Añade 50 g de harina de espelta + 50 ml de agua (esto es «alimentar» la masa madre).
- Mezcla, tapa y deja reposar.
Días 3, 4 y 5
- Repite el proceso de alimentación cada 24 horas.
- La mezcla debe ir creciendo, desarrollando burbujas y un aroma más fuerte (ácido, pero agradable).
- Si el tarro se llena mucho, puedes desechar la mitad antes de alimentar.
Día 6 o 7
- La masa madre debe duplicar su volumen en 4-6 horas tras alimentarla, tener burbujas activas y un olor ligeramente afrutado o ácido.
- Ya está lista para usar en tus panes.
Conservación:
- Si horneas con frecuencia, puedes alimentarla a diario y dejarla a temperatura ambiente.
- Si la usas solo una o dos veces por semana, guárdala en la nevera y aliméntala una vez por semana.
Consejo final: usa siempre harina de calidad y agua sin cloro para un mejor desarrollo de los microorganismos naturales. La paciencia es clave: cada masa madre tiene su propio ritmo.
