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La espelta no es solo un cereal milenario valorado por su sabor y propiedades nutricionales, sino también una de las opciones más sostenibles dentro del cultivo de cereales. Su bajo impacto ambiental la convierte en una apuesta responsable para la agricultura ecológica y para consumidores comprometidos con la salud del planeta.
Uno de los grandes beneficios ecológicos de la espelta es su capacidad para crecer con muy poca necesidad de fertilizantes químicos. A diferencia del trigo convencional, que suele requerir aplicaciones intensivas de nitrógeno y otros fertilizantes para maximizar el rendimiento, la espelta se adapta bien a suelos con menor fertilidad y se beneficia de prácticas agrícolas más naturales.
Este bajo requerimiento reduce la contaminación de acuíferos y suelos, disminuyendo la lixiviación de nutrientes y la emisión de gases contaminantes asociados a la producción y aplicación de fertilizantes. Así, los agricultores pueden minimizar el uso de insumos químicos, lo que a su vez reduce costos y contribuye a la sostenibilidad económica y ambiental del cultivo.
Además, la espelta presenta una mayor resistencia natural a enfermedades y plagas comunes en los cultivos de cereales, lo que limita la necesidad de pesticidas y herbicidas, favoreciendo aún más un cultivo limpio y respetuoso con el medio ambiente.
El cultivo de espelta está muy ligado a prácticas que fomentan la biodiversidad agrícola y la salud del ecosistema. Suele cultivarse en sistemas de rotación con leguminosas y otros cereales, lo que mejora la estructura y fertilidad del suelo, evitando la degradación por monocultivos intensivos.
Estas rotaciones agrícolas fomentan la proliferación de microorganismos benéficos que descomponen la materia orgánica, mejoran la retención de nutrientes y aumentan la capacidad del suelo para almacenar agua. Por otro lado, la espelta favorece la presencia de insectos polinizadores y depredadores naturales de plagas, ayudando a mantener el equilibrio natural y reduciendo la dependencia de productos químicos.
Al promover la biodiversidad tanto a nivel de suelo como de fauna asociada, la espelta contribuye a un sistema agrícola más resiliente frente a cambios climáticos y eventos extremos, posicionándose como un cultivo clave para una agricultura regenerativa.